Un año más, cuando apenas nos separa una semana de las fiestas josefinas, mi pesadilla no ha hecho más que comenzar. Un año más y a pesar del mal tiempo, las hordas falleras van tomando posiciones de cara a un inminente ataque. Con desmedido orgullo, ondean sus pendones al ritmo de pasodoble cañí al tiempo que de forma estratégica ubican sus carpas y tótem de cartón-piedra, cerrando cualquier vía de escapatoria, creando el caos y el desorden urbano a sus anchas, amparados en rancias tradiciones aborígenes y secundados por las fuerzas vivas de la ciudad.
Poco o nada importa que sus movimientos creen el caos, la más absoluta anarquía circulatoria. Autobuses obligados a cambiar sus itinerarios, vías impracticables y calles cortadas a golpe de valla esponsorizada por marca de arroz colocadas de forma indiscriminada por avispados falleros mas preocupados por cortar calles para así aparcar sus vehículos que por la compartir la fiesta con el vecindario.
Capítulo aparte merecen los petardos que para algunos falleros se convierten en prolongación de la mano. Resulta aterrador tener que esquivar durante esos días a personas que por unos días se convierten en terroristas suicidas, cargados cual mulas de explosivos, ejerciendo sus malas artes a lo largo y ancho de la ciudad sin ningún tipo de control ni miramiento. Especialmente desagradable me resulta la visión de los adultos, cargados con bolsita de plástico llena de petardos, enseñando a sus pequeños vástagos en noble y absurdo arte de la pirotecnia sin ningún tipo de prudencia ni respeto hacia los demás. Y es que en fallas todo vale, durante las fiestas se esfuma cualquier resquicio de sensatez y respeto, se impone la ley del descontrol y avalados por el “estamos en fallas” muchos cafres imponen su código a golpe de masclet.
Entiendo que mi postura puede parecer desmedida a la par que inculpatoria, en todo caso me limito a hacer uso de mi libertad de expresión sin que por ello creo moleste a nadie. Mis palabras no son explosivas aunque alguien se lo puedan parecer, mi reflexión no limita ni anula la libertad de movimiento de nadie. Entiendo aunque no comparto las fiestas falleras, solo pido un mayor control y respeto hacia el resto de los ciudadanos que como yo, nos guste o no, tenemos que vivir durante unos días en el más absoluto caos.
Con ansiedad espero el día 20, el día del silencio, el día después…..
