Gran Vía Dreams
Hoy he decidido, poner fin a una pesadilla que se ha alargado ya un par de semanas. Semanas que llevo intentando hacer un tramite burocrático de forma telemática. No es la primera vez que lo hago y termino resolviendo, no soy un erudito pero me apaño, eso si, con los años me apaño mucho peor.
Lo cierto es que llevo un par de semanas intentado gestionar este tramite online. Ha llegada hasta tal punto mi desespero que finalmente he decidió desistir del ciberespacio y presentar física y manualmente la documentación a aportar para el citado tramite.
Es curioso como te engañan, al principio es todo como muy sencillo, un cuestionario al que solo le tienes que dar a seguir. El problema comenzó cuando me comunicaron que iba a recibir en mi correo electrónico, un código de verificación que debía introducir en el cuestionario. Perfecto he pasado de pantalla, y ahora, no se muy bien porque me vuelve a obligar a poner ese mismo código de nuevo, y es ahí cuando se produce la magia. Realizo un sencillo corta y pega para introducir de nuevo ese código, y es cuando se abre una pantalla para decirme que ese no es el código correcto. No hay margen de error, he COPIADO este código, pero no me permite hacer nada mas que volver a atrás y repetir el proceso. Cuándo eso se repite, 1,2,3... hasta 7 veces a lo largo de varios días, la alargada sombre de la desesperación comienza a aparecer en escena.
Finalmente, ayer logre pasar esa segunda pantalla cual Mario Bross. La alegría y regocijo, se desplomo, cuando en esa nueva pantalla, me pedía algo muy marciano. Debía hacerme una foto con el DNI en la mano para demostrar que el solicitante soy yo. En realidad creo que lo hacen por joder, tienen mi nombre, teléfono, dirección, DNI, ¿Qué mas necesitan, una muestra de orina, quizá?
Algo había leído sobre esto, por lo que hace unos días, le pedí a un amigo que me hiciese una foto con el DNI en la mano. Mi cara de agobia en la foto, es un poema, parezco la víctima de un secuestro express, pero en lugar del periódico, aparezco con el DNI en la mano.
La fotografía no sirvió para nada porque lo que cuestionario me pedía es que tenia que encajar mi cabeza, mi brazo con el DNI, dentro de una silueta subrayada en amarillo, confieso que por pura desesperación, termine riéndome cuando intente hacerme al foto sujetando con una mano el DNI y el la otra el teléfono, me faltaba una mano para darle al botón de hacer la foto, un cuadro.
Fue en ese preciso momento cuando renuncie al progreso y decidí presentar esa documentación de forma presencial. Ya esta todo preparado, ahora llega la segunda parte, necesito cita previa. Ni que decir tiene que intentar pedir cita en la aplicación es imposible, a no ser que madrugues mucho y te lances sobre el portátil como si la vida te fuera en ello. Si tengo mucha suerte y soy rápido cual concursante del Pasapalabra, conseguiré cita previa. De no ser así, me temo que acabare haciendo cola un buen rato, esperando que los dioses me sean propicios.
Ahora que parece que me he instalado de nuevo en el pisito, creo que después de tanto tiempo, este blog merece una reforma. No quiero venirme arriba, por lo que voy a ir poco a poco en el proceso. He incorporado un nuevo espacio dedicado al Universo collage al que he terminado sucumbiendo, un apartado que puede convivir en paz y armonía con el resto de las categorías: Cine Magenta, La mirada magenta, portadas de disco etc...
Apremia un cambio en las paredes del pisito, quizás un cambio en el papel pintado probablemente por uno mas sencillo, mas de estar por casa. También es posible que desista del papel pintado y decida pintar, y voy mas allá, que tal y marcando estilo propio, el resurgimiento del gotelé o es estuco veneciano. También se impone revisar mis blogs y paginas recomendadas, dado que probablemente alguna de ellas este inactiva. No me quiero venir demasiado arriba por si se diera el caso que dentro de un par de semanas, el pisito vuelva a quedarse vacío. Por lo que me gustaría contar con vuestros comentarios y visitas, que sin duda, me animan a seguir adelante.
Romeria
Siempre me ha fascinado el Universo collage, mezclar imágenes diferentes y contrasten entre si para crear un espacio libre de cualquier criterio, norma o estilo.
Supongo que esta afición por los collages, se debe a mis contrastados y diversos gustos en cualquier tipo de expresión artística. Me puede gustar tanto un documental de Andy Warhol como un programa de televisión de cotilleos. Como decía Pepi en la opera prima de Almodóvar, Pepi, Luci, Boom y otras chocas del montón,, Soy así.
De ahí también mi afición y obsesión por Frankenstein y sobre todo por La novia de Frankenstein, un verdadero icono que me ha inspirado hasta convertirlo en mi propio logo.
La terrorífica criatura, acaso no es también un collage de diferentes personas?
El collage no conoce de limites, ni artísticos ni técnicos. Cualquier elemento es bueno para crear, lo importante es la idea, o la No idea.
En todo caso, últimamente me he dejado llevar por este universo, y me apetece compartirlo con vosotros.
No estamos a primeros de año, pero uno, que siempre lleva un ligero retraso, he decidido tener el firme propósito de escribir para volver a este blog aunque estemos a finales de año.
Han sido ya un par o tres de regresos frustrados por mi innata falta de compromiso y pereza.
No voy a rendirme y lo intentare de nuevo. Estos años de pausa han sido bastante complicados y la vida, en ocasiones, muchas ocasiones, no te lo pone nada fácil. Sin trabajo, sin esperanza y sin algunos seres muy queridos que ya no están entre nosotros. Una carencia, un dolor del que cuesta salir. Durante mi vida, la creatividad me ha ayudado a navegar por estos espacios de dolor. Pintar, escribir, como hacia hace años en este blog, me han servido a sobrevivir, refugiándome es otras historias, en otros mundos. Uno nunca deja de aprender y descubrir, y quiero recuperar ese entusiasmo que he perdido con los años. Se que este blog no tiene la mas mínima trascendencia y que son muy pocas las personas que se han pasado por este refugio que quiero recuperar. Mi ilusiona pensar que el día que ya no este en este mundo, amigos, familiares, gente que me aprecia, reconocerá en estos textos, que aunque en su gran mayoría no hablan de mi, mi esencia. Quien me conoce, me conoce sabe reconocerme en cada uno de esos textos, incluso en esas fotografías absurdas, esas tremendas portadas de disco, que tanto disfruto compartiendo con vosotros.
Lo voy a intentar de nuevo, me guastaría contar con vuestro apoyo para esta vuelta. Una aspiración que en esta ocasión si me gastaría llevar hasta el final. Hoy he decidido poner la primera piedra en esta construcción que como la sagrada familia de Barcelona, esta inacabada.
Espero que en esta ocasión no se quede en una frustrada pretensión y que poco a poco vaya llenando este blog de nuevas historias.
Ha pasado ya un año desde tu marcha, y aun así, no sé si estoy preparado para escribirte esta carta. Ha pasado un año desde aquella fatídica llamada telefónica que me rompió el corazón en mil pedazos para siempre.Porque aunque tu delicada salud y las circunstancias que la rodeaban, la pandemia, etc... Me impidieran pasar más tiempo contigo, nunca voy a olvidar tu maravillosa sonrisa.
Tus limitaciones físicas lamentablemente impedían, no solo tu movilidad, también tu comunicación, algo que tú subsanabas con una preciosa sonrisa que nos ofrecías a todos. Porque a pesar de lo injusta, tremendamente injusta que ha sido la vida contigo, viviendo cada día en una enorme lucha por la supervivencia desde el primer minuto de tu corta vida, siempre nos regalabas esa maravillosa y mágica sonrisa, con una generosidad que a todos nos ha enseñado a vivir.
En mis visitas, podía pasar horas mirándote mientras tu mirabas los dibujos de Pocoyo que tanto te gustaban, al tiempo en que te reias y dejabas asomar ese brillo tan especial que destellaban en esos ojitos llenos de vida. Esa misma vida que te impidió ser feliz. Y aunque mi cabeza piense que quizás es lo mejor que pudo pasar y así evitar una angustia que se incrementaría con el tiempo, alargando una enfermedad tan maldita que ni siquiera tenía nombre para poder maldecirla, y de la que la ciencia no nos daba la mas mínima esperanza de mejora. Por eso, cuando tu ataúd entraba en el crematorio envuelto en los sonoros llantos de los que allí nos encontrábamos, tu madre me dijo: No llores tío, ahora Marta es feliz y puede correr, bailar, jugar. Algo por lo que yo hubiera dado mi vida para que tú lo disfrutases. Muchas noches, acostado en la cama, he pensado lo que me hubiese gustado irme contigo y así poder protegerte y cuidarte.
Ahora todo es diferente, desde tu marcha, no hemos vuelto a ser los mismos, y en las escasas ocasiones en las que nos reunimos, evitamos hablar de ti, para no sacar a la luz nuestra tristeza.
Hace poco estuve en tu casa, en ese comedor donde tú reías viendo la tele, conectada a todos esos diabólicos aparatos de los que dependía tu vida. Cada vez que voy, sigo buscándote con la mirada, aunque sea algún resquicio de ese amor que transmitías de forma innata.
Recuerdo que la última vez que te vi, una semana antes de tu marcha, cuando ya estaba en la puerta, a punto de salir, sentía algo en el estomago que me hizo retroceder y volver a tu lado para volver a verte y, como hacia siempre, dejar impregnada tu sonrisa en mi retina, temeroso de que esa era la última vez que la iba a ver. Pero aquel día fue especial, me arrodille junto a ti, mientras te besaba la mano, al tiempo que te decía lo mucho que te quería y que no iba a olvidarte nunca.
No consigo recomponerme Marta, supongo que yo era el único tonto que pensaba que algún día podrías tener al menos una mejoría en tu salud.
Cada mañana, no puedo evitar ponerme a llorar pensando en ti y en lo mierda que es esta puta vida. Pienso, o mejor quiero creer, qué algún día nos volveremos a encontrar para poder darte todos esos besos y abrazos que en su momento no te pude dar por tu delicada salud.
Esta no es una carta de despedida, no quiero renunciar a tu recuerdo, quiero poder disfrutar de esa sonrisa aunque sea en mi memoria.
Te quiero Marta, y siempre, siempre vas a estar dentro de mi corazón.
A modo de prologo, escribo estas líneas en lo que pretende ser mi vuelta al blog, al que abandone hace ya bastantes años y siempre he deseado regresar. Son muchas las ocasiones en las que he querido volver, retomar esa actividad bloguera que tanto me divertía y hacia feliz.
No han sido unos años fáciles para mí. La desgana, la inseguridad y sobretodo la falta de entusiasmo, se han hecho fuertes en mí durante mucho, demasiado tiempo.
No prometo nada, quizás escriba 3 o 4 entradas en el blog y vuelva a desaparecer. No soy un tipo disciplinado, y es posible que toda esta aparente ilusión, se evapore en poco tiempo. Aun así lo voy a volver a intentar.
Durante estos años he tenido dos grandes pérdidas en mi vida, de las que no he conseguido recuperarme, sobre todo de la más reciente. Cuesta mucho, y sinceramente dudo mucho que pueda recuperar la pérdida de un ser maravilloso, una sobrina de apenas 3 años de edad, que desde el día de su nacimiento, me robo el corazón.
Escribir una carta de despedida a Marta ha sido duro, pero a la vez me ha reconfortado expresar con palabras, los sentimientos que me provoca su ausencia. Tan reconfortante que redactándola, y a pesar de su tristeza, me ha hecho recuperar las ganas de escribir, y no solo eso, he decidido compartirlo para que quede grabada en este blog para siempre.
La otra gran pérdida es anterior. A finales del 2019 falleció mi perro Lucas con apenas cuatro años, un acontecimiento tan inesperado como doloroso y del que tampoco he conseguido recuperarme. Lucas era mi perro, mi amigo, mi compi de piso, mi niño, y sobre todo era la luz que me iluminaba cada mañana al despertarme, con esa entrega y generosidad, que solo un animal, te sabe dar.
Alguien dijo que cuanto más conocía a los hombres, más quería a los animales, una afirmación con la que no puedo estar más de acuerdo. Solo quería hacerle este pequeño homenaje a Lucas, cuya mirada llena de vida, sigue impresa en mi retina aunque a veces me cueste verla por las lágrimas. Nadie nos enseña a lidiar con las perdidas, con el dolor, y en ocasiones escribir es la única salida.