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lunes, 17 de septiembre de 2018

Mi ViDA AnalOGiCa

Vuelvo después de una semana de ausencia en la que no he dejado de repetirme a modo de mantra, aquella famosa cita de esa insigne política aficionada la la cosmética: “Que no, que no me voy, me quedo...”
Lo cierto es que comencé la semana con un incidente casero a primera hora de la mañana, esa hora en la que uno todavía dormido, pone la cafetera al fuego.
No es la primera cafetera que destrozo por mi innata facilidad para quedarme dormido, bastaron unos segundos para que el siniestro se hiciera realidad.
Me desperté como 50 minutos después, un agudo olor a quemado, había traspasado la cocina y se había hecho fuerte en el pasillo. Raudo me dirigí al punto de origen del siniestro, mi denostada vitrocerámica, que haciendo gala de un reconocido valor volvió a sobrevivir a la catástrofe. Sobre esta, reposaba cual Juana de Arco envuelta en humo, mi imprescindible cafetera totalmente carbonizada, con el plástico de su asa derretido por el calor. Ante la dolorosa visión, tuve que contenerme para no abrazarme ella entre lágrimas, de haberlo hecho además de una cafetera nueva tendría que haberme comprado un bote de gasas estériles y un tubo de crema cicatrizante.
Fue un mal comienzo para el principio de la semana, un metafórico augurio de lo que me esperaba durante el resto de la misma.
Si hay algo que he percibido con la edad, entre otras , muchas otras cosas, es mi torpeza y por que no decirlo mi falta absoluta de interés por las nuevas tecnologías.
No es que antes servidor fuese un Bill Gates pero si que me gustaba estar al tanto de las novedades electrónicas, incluso de aquellas que no me podía permitir. Pero me temo que como con la música, he decidido plantarme en los 80, me inquieta mucho la revolución digital, creo que me quedo en el mundo analógico.
A duras penas me manejo con el móvil y me limito en el apartado informático a servirme de los aparatos y versiones de los mismo que cumplen con mis mínimas exigencias. Cada vez que aparece en la pantalla de mi ordenador o teléfono la palabra Actualizar, un ligero escalofrió recorre mi columna. No quiero actualizar nada ni nuevas versiones disponibles, no me apetece leerme tutoriales y configurar cientos de cosas que probablemente nunca voy a utilizar.
El problema es que la cotidianidad exige en muchas ocasiones de nuevos elementos tecnológicos.
Hace unos meses que sigo un curso de ingles online muy interesante y ameno, todo sea dicho pero con una complicación tremenda a la hora de entenderlo y ponerlo en marcha. Confieso que estuve a punto de tirar la toalla a la hora de solicitar el curso gratuito, finalmente conseguí entender como tramitarlo pero conozco gente que se quedo en el camino y ante la dificultad decidió perderlo.
Porque se empeñan en hacer las cosas tan complicadas. En todo caso logre matricularme en el mismo y empezar el mismo. El problema es que el curso también es oral y exige el uso de auriculares y micrófono. No exagero lo mas mínimo si digo que llevo como cerca de 3 meses intentando configurar dichos aparatos en el ordenador y así poder hacer los ejercicios y que graben mi voz. Imposible, no quiero calcular el tiempo que he perdido en el empeño, mucho, mucho tiempo.
Finalmente decidí solucionarlo durante esta semana y mande un mail a la organización que inmediatamente me contesto como con 6 correos en los que no dejaba de hablar de referencias de la queja, de códigos de la queja pero que en ningún momento me daban la mas mínima indicación para solucionar el problema, mas allá de recomendarme que cambiase de navegador.
Gracias, no me habéis ayudado en nada. Me quede con las ganas de enviarle otro mail sugiriéndoles que con el titulo de ingles que otorgan con el curso, deberían también mandar el de informático, creo que me lo he ganado a pulso.
Al final opte por una solución drástica, el problema no solo estaba en mi edad, sino en la edad de mi ordenador que ya acusa cierta demencia senil, que lastima.
Ante esta situación, me decante por buscar otro ordenador desde el que poder hacer todos los ejercicios de audio. Que también digo yo, ¿Porque no se me ocurrió esto antes?



jueves, 6 de septiembre de 2018

PRoPóSitoS


Retomo el ejercicio bloguero, después de mas de un año de ausencia, con la sana intención de que la escritura, reviva en mi de nuevo un fuego extinguido. Un deseo, una necesidad de comunicar aunque no exista interlocutor al otro lado de la pantalla. Lo cierto es que son ya varios años de sequía creativa, de indiferencia, de desanimo y aburrimiento. No soy un tipo constante, y en cualquier momento puedo desfallecer en el intento y hacer un mutis por el foro, como en anteriores ocasiones, y aunque en este vuestro blog, predomina la ficción, no deja de ser un testigo de mi realidad, de mi memoria, ya algo deteriorada por la edad, aunque si tengo que ser sincero, mi memoria flaquea desde la EGB.
No me apetece seguir hinchando este post con firmes propósitos que posiblemente no lleguen a ningún lado. Me gustaría llenar de nuevo este blog con comentarios, vídeos, fotos y nuevas historias y disfrutar con ello como hacia antes. Propósitos, firmes propósitos que a modo de curso escolar, comienzan a principios de septiembre, para ello me gustaría contar con vuestra complicidad y así poder acabar el curso aunque sea con un suficiente pelao, nunca he sido ambicioso.
Supongo que la edad te da una nueva perspectiva ante las cosas, sin querer vas eliminando de tu cabeza absurdos filtros y florituras. SI algo bueno tiene hacerse mayor, es la capacidad que desarrollas de forma natural para que las cosas no te afecten tanto y te importen un carajo.
Y para celebrarlo, os escribo mientras escucho una selección de grandes éxitos de Lola Flores, grandeee....


viernes, 11 de noviembre de 2016

Las alBoNDiGaS SuECAs, ya No SoN Lo QuE ERaN



Curioseaba esta tarde por el Facebook cuando una noticia llamó poderosamente mi atención. El titular rezaba así:
Ikea crea un carril rápido en sus tiendas, para solteros.
Ilusionado con la idea me lance arduo a leer el desarrollo de la información. En ella se hablaba de la idea de la empresa sueca de crear un carril mas rápido para solteros, un carril ajeno a las broncas de las parejas que,  según siempre Ikea, colapsaban y entorpecían las diferentes secciones del establecimiento. Llegados a este punto, busque el origen de la publicación y descubrí que se había publicado en El mundo today, ese periódico digital de humor que nos alegra las redes sociales.
Lo cierto, es que lo del carril rápido me parecía una buenísima idea u que Ikea debería plantearse algo parecido, más que para solteros, para ... como decirlo, acompañantes.
Confieso que no disfruto demasiado de mis visitas a sus tiendas, y que me incomoda, y porque no decirlo, me cabrea mucho que el establecimiento este diseñado de forma que tengas que recorrerlo entero para encontrar la salida. . Me aburre recorrer sus largos pasillos para, como siempre me recuerda un buen amigo, ver muebles, solo muebles,,,,
Lo único agradable que he encontrado en mis ultimas visitas, es el codillo de cerdo que ofertan los viernes, porque las albóndigas suecas, ya no son lo que eran, eso es asin.
Ni siquiera una improvisada cata de sofases pudo satisfacer mi natural aburrimiento y somnolencia. Desesperado termine compartiendo salón en el piso de 45 metros, con una familia ecuatoriana. Ikea hace amigos.
No se si afortunadamente, con la tarjeta de Ikea family te invitan a café, por lo que presto a acabar con la dejadez que me acosaba sin piedad, acabé tomándome tres cafés seguidos. Ni que decir tiene que acabé desesperado en la cafetería, buscando una salida para fumarme un cigarro, mientras mi cuerpo me sorprendía con inesperados y absurdos tics imposibles de controlar.
Enloquecido le dije a las personas a las que acompañaba que iba en busca de una terraza y que ya les alcanzaría. Que ingenuo fui pensando que iba a encontrar la salida a ese infernal laberinto. Con ligereza fui recorriendo las diferentes secciones que me dieran acceso a una terraza o a la salida. Lamentablemente mi búsqueda resulto inútil siguiendo esos absurdos mapas a los que no encontraba ningún sentido, al tiempo que mi estado de humor iba encabronándose por momentos.
Después de casi media hora, encontré a mis amigos que seguían tomando medidas de todo lo que encontraban a su paso, Medio trastornado me lancé sobre ellos mientras gritaba:
Estoy hasta los cojones de dar vueltas, quiero salir de aquí....
Sin darles tiempo a una respuesta, continué mi búsqueda, en esta ocasión empeñado en encontrar la salida, aunque para ello tuviera que tomar rehenes.
La sección de plantas y jardinería, me permitió vislumbrar los almacenes previos a las cajas de salida, a las que me lancé cual poseso en busca de la salida sin compra.
Emocionado y algo sobre actuado, todo sea dicho, recibí las primeras bocadas de aire fresco al salir al exterior, con la firme convicción de acudir con una brújula en mi próxima visita, 
¿Para cuando ese carril rápido?

miércoles, 13 de enero de 2016

EL ApaGON


Y de repente, se fue la luz… era una de esas noches, escasa en todo caso, en las que resuelvo prepararme algo para cenar que requiera más elaboración que simplemente volcarlo en un plato. Decidido me lancé a la cocina y comencé a pelar un par de alcachofas para meterlas en el horno. En plena faena, y mientras cortaba con mi cuchillo mas afilado la pieza ya pelada, un moribundo sonido anticipó  un apagón que se extendía por todo mi barrio.
Con la torpeza característica de un ser básicamente urbanita, comencé a andar a tientas por el pasillo, iluminado por la tímida luz de un mechero, hasta el salón, donde inexplicablemente encontré fácilmente una linterna que tenia guardada.
Lo que parecía una simple avería, se alargó durante más de 90 minutos, acompañado de mi perro, sin luz, sin televisión, sin internet, con la banda sonora del silencio, solo roto por la alarma de algún coche en la calle.
Tras una primera y efímera percepción de angustia y de total aislamiento del mundo exterior. Comenzó a invadirme una, cada vez más, agradable sensación de sosiego, de tranquilidad. Y  sin querer, comencé a pensar, que son tan pocas las ocasiones que nos damos, que me doy para disfrutar del silencio, del puro regocijo en tu mundo interior, en tus sueños, frustraciones, ideas.  
Finalmente me dejé llevar por la tenue iluminación de dos velas, cerré los  ojos y comencé a pensar que nos hemos creado tantas dependencias hacia ciertos electrodomésticos, redes sociales, televisión, que desentendemos nuestro valor más importante, la inteligencia. Y pensé también que debería disfrutar más de momentos como este, sin depender de una red wiffi o de un mando a distancia, y pensando y pensando, de repente, volvió la luz y yo sin pensarlo me lance sobre el  mando de la televisión al tiempo que encendía el facebook.

lunes, 4 de julio de 2011

EMBLeMáTicO ALTaR

Antes de salir de gira, el Mónaco tuvo a bien compartir una agradable velada en un restaurante chino, a fin de poner en orden su apretada agenda profesional. Antes de la misma, nos acercamos hasta la plaza de los indignados en Valencia, encontrándonos con una emocionante sorpresa. Justo a la entrada de la misma, en estratégico lugar, justo frente al balcón del ayuntamiento, la pancarta del rancio, la original, lucia con tu su ajado esplendor expuesta a modo de reliquia. No puedo expresar con palabras la emotiva reacción de nuestro indignado.
Reposando sobre una silla y coronada por tres improvisados garrafas de agua reconvertidas en maceteros con flores, lucia orgulloso lo que ya empieza a ser reconocido como el emblema de tan particular lucha.
Un emblemático altar que todo el que se acerque hasta la plaza del 15M puede admirar y al que solo le falta rematar con unas velas y un reclinatorio para rendir culto a tan sugerente icono. También es cierto que el tiempo y las inclemencias climatologicas han hecho mella en la pancarta por lo que le propuse al señor rancio que seria interesante negociar con los indignados que tan importante mensaje estuviera protegido por una vitrina de cristal o en su defecto de metacrilato que la preservarse de posibles agresiones. También estamos estudiando la posibilidad de que, a fin de que todo el mundo pueda disfrutar de su visión, esta viaje por toda España y Europa como la copa del mundial.

EL RaNciO eN MóNaCO

Este pasado fin de semana, el Rancio o como también comienza a ser llamado “el indignado VIP” tuvo a bien desplazarse hasta la capital monegasca, con el fin de hacer llegar su mensaje durante la boda del heredero al trono, Alberto de Mónaco. Una boda que algunos han calificado de segunda categoría por la ausencia de muchas casas reales pero que sin duda con la participación del Rancio ha conseguido traspasar las fronteras de la mera información del corazón.
No seré yo quien cuestione tan polémico acto reivindicativo. Muchos consideran que nuestro particular abanderado ha sucumbido a los encantos de los flashes y la fama efímera. Los más atrevidos incluso hablan de un posible contrato millonario con una cadena de televisión que lo esponsoriza. Yo de momento me limitaré a ser un simple vehiculo de comunicación y hacer llegar a los lectores de este blog sus andanzas, sin juzgarlo.
Espero ansioso las palabras del Rancio contando su experiencia por el principado, apenas pude hablar con el 10 minutos antes de la ceremonia en el momento en que su peluquera y estilista le daban los últimos retoques antes de posar para la prensa. Nuestro personal Che Guevara es un hombre comprometido, no solo socialmente, sino estéticamente, por lo que viaja con un pequeño aunque escogido equipo de maquilladores y estilistas. Por cierto comentar que me ha llegado una información, parece ser que la revista Interviú esta negociando con el agente artístico del Rancio, un posible posado, un desnudo integral que seria portada de la revista.
La estancia del Rancio en Mónaco aunque breve fue intensa, se le pudo ver departiendo amistosamente con la reina cristina de suecia al tiempo que agitaba su maltrecha ya pancarta, y sobre todo se le pudo ver en agradable conversación con Naomi Cambell y Armani que, según me cuentan, estaría muy interesado para ficharlo como modelo estrella en la próxima semana de la moda de Nueva York.
A la espera de que nuestro protagonista nos confirme todas estas cuestiones, solo me queda confiar en la buena fe de tan peculiar sujeto y en su particular cruzada.

miércoles, 22 de junio de 2011

A La CHiTa CaLLANDo

A que mala hora me deje mi trabajo de corista en el club Rooney de Los Angeles.
Por lo menos allí podía cantar y bailar, no como aquí que voy por la tercera película haciendo de nativa con frase. Bueno con frase... tantos años de clases de dicción en la academia de la srta. Parkinson para acabar pegando gritos en una selva de cartón piedra.
Lo que peor llevo, es que mi marido gane más que yo.

Miralo... pero si no le das un plátano no se mueve el jodio....

A que mala hora me casé con el.

Le conocí en el estreno de "Tarzan y Jane" en el teatro chino, Ayy todavía recuerdo la forma tan graciosa en la que se lanzó sobre mi cuando pasaba por la alfombra roja.

Pensé que casándome con el, se me abrirían de par en par las puertas de La Metro, pero a lo máximo que he llegado es a hacer de figurante en las películas de mi esposo.

debí haberme casado con la mula Francis.

miércoles, 4 de mayo de 2011

ALieNaDa De NaDa







Lo conocí hace ya cerca de un año, con la llegada la de segunda remesa de visitantes. Si bien es cierto que en un principio no consiguió llamar mi atención, finalmente su insistencia logró que poco a poco se fuera haciendo un hueco en mi corazón.


Todavía recuerdo el día en que me pidió matrimonio, sus asperas y escamosas manos se afianzaron a las mías mientras sus enternecedores ojos me decían el resto. Los perjuicios quedan al margen cuando el amor es sincero, ya lo dijo Disney, "La belleza esta en el interior"

miércoles, 20 de abril de 2011

DeuDa dE SaNGRe


- Doctor, no se como agradecérselo, dijo Jonás con la voz entrecortada mientras intentaba incorporarse en la cama.
- Es mi trabajo, contestó el cirujano, al tiempo que infiltraba el contenido de una jeringuilla en el gotero del enfermo, adquiriendo este un intenso tono azulado.
- Doctor, le debo la vida, contestó Jonás con los ojos vidriosos.
- Si, y ahora esta me pertenece, contestó el doctor con una ligera sonrisa, impasible a la cruel agonía del joven.

lunes, 18 de abril de 2011

AMAPOLAS


Un domingo más, y siempre de la mano de su madre, Lucia viajó hasta Valencia en tren para ver a su hermana mayor que permanecía ingresada en un sanatorio para tuberculosos junto a la playa. Toda una aventura para una pequeña que vivía de espaldas al mar, toda una aventura que llenaba de color la oscura época en la que le había tocado vivir. La guerra había terminado pero sus secuelas habían dejado raíz en tan árido paisaje. Un paisaje aun si cabe mas sombrío después de que a su hermana mayor Clara se infectara con el despiadado virus que contrajo tras compartir catre con una joven refugiada que huía de la crueldad de tan dura contienda. Sentada en el tranvía, de camino a la Malvarrosa, Lucia jugaba con sus ensortijados rizos, esos mismos rizos que Clara se empeñaba en cepillar cada noche a la sombra de un candil. Una labor que nunca fue del gusto de la pequeña, y que ahora echaba tanto de menos. Una laboriosa tarea que su hermana, a modo de premio, remataba colocando con delicadeza una amapola en el rizado cabello de la niña. Los primeros golpes de salitre en forma de suave brisa auguraban a la pequeña la última parada del dominical tranvía. Cogida con fuerza de la mano de su madre, llegó hasta el hospital, esperando sentada en un banco justo enfrente de la ventana a la que su hermana se asomaba para saludarla. Era un día especial, Lucia había hecho un dibujo para ella, un precioso campo repleto de amapolas, las mismas con las que su hermana adornaba sus cabellos, para que luciese en la triste habitación de aquel hospital. Sin poder permanecer más tiempo sentada, esperaba inquieta frente a la ventana que no acertaba a abrirse. Allí permaneció de pie ceca de media hora, esperando que Clara, como cada domingo, se asomase al ventanal para saludarla y llenarla de besos. Un seco golpe de aire la sacó de su desasosegado letargo. Un golpe de brisa carente de salitre, de frescor, de felicidad. Un golpe de viento atravesó su corazón con funestos augurios, al tiempo que sobre sus cabellos se dejaba caer con delicadeza una bonita amapola. De vuelta al pueblo, sentada en el tren, una furtiva lágrima fue a caer sobre el campo de amapolas que con tanto cariño había dibujado. Pasó mucho tiempo hasta que Lucia volviese a ver el mar.

miércoles, 2 de marzo de 2011

EFíMeRa eSENCia

Cogio su mano con firmeza, agarrándola con inusitada fuerza, en abrumador contacto con todos y cada uno dé los poros de su piel.
En un absurdo intento por no dejarla escapar, y al compás de sus últimos suspiros, apoyó la cabeza en su hombro, persistiendo en la exasperada idea de no perderla para siempre, mientras besaba su mano en un último intento por regalarle la vida. La vida que a ella le faltaba y que el había comenzado a perder.
Un último y definitivo estertor, puso fin a su agonía, a su larga e injusta agonía. Un seco y rotundo estertor le devolvió a la más cruda de las realidades, aquella que la imaginación ni siquiera se había querido plantear.
Un gélido e insensibilizado “ya esta” en boca del medico de guardia, no hizo mas que confirmarle lo que ya sabia y se negaba a aceptar. Desesperado, volvió a coger la mano de ella con fuerza, al tiempo que, en un último intento por retener su esencia, hundía su entrecortada respiración en el pecho de su madre. Ese mismo pecho que le había dado calor y protección durante toda su vida.

Habían transcurrido cerca de tres meses desde el fatal desenlace, tres meses en los que Miguel apenas pudo dar tregua a la tristeza y el dolor. Un más que oportuno cambio de domicilio, una nueva vida, habían marcado su devenir cotidiano, marcado por el continuo ajetreo que provoca un cambio de residencia. Fueron meses marcados a golpe de mudanza, con la provisionalidad como compañero de viaje. Meses de apresuradas y continúas decisiones, meses de despedidas y bienvenidas en los que tuvo que relegar el dolor por la perdida a un segundo plano. No le falto, sin embargo, el apoyo de gente que le quería y que le acompañó en tan desesperado trayecto que por fin había llegado a su fin. Orgulloso por el trabajo realizado, paseaba por la casa, su casa, comprobando que ya todo estaba en su sitio. Fue entonces cuando reparó en aquella caja de cartón que reposaba sobre uno de los estantes superiores del trastero. Allí estaba, junto a una caja que contenía loza de cocina, y bajo otra que protegía a un pequeño radiador eléctrico.
Un golpe seco se instaló en su estomago cuando pudo ver la palabra que lucia en el lateral de la misma. Un escueto “mama”, escrito de tosca manera con rotulador negro, devolvió a Miguel a la más descarnada realidad. Sin pensarlo demasiado, bajó la caja del armario y la dispuso sobre la mesa del salón. De forma ceremoniosa comenzó a abrir aquella caja que unos meses antes, en plena mudanza, su amiga Raquel se había encargado de guardar para evitarle más dolor. Un ligero aroma apenas perceptible pero siempre reconocible, asomo de la misma en el momento en el que la abrió. En su interior compartían espacio prendas de ropa, objetos personales, documentos, de su madre que Miguel inmediatamente reconoció con una emocionada sonrisa. Como si de una joya se tratase, sacó de su interior un viejo batín, un viejo y ajado batín que sin poder reprimirse y dejándose llevar por la emoción, tomó entre sus brazos al tiempo que, de forma desesperada comenzó a oler con ansiedad, mientras cerraba los ojos.
Un intenso e indescifrable aroma le trasladó a un pasado no tan lejano. Una efímera esencia consiguió, durante escasos segundos, devolverle a su madre. Con delicadeza plegó el deslucido batín, humedecido por furtivas lagrimas, y lo introdujo de nuevo en la caja. Una caja que desde día pasó a formar parte de sus más valiosos objetos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

HoSTaL RoMA

Una incesante lluvia había comenzado a descargar en lo que prometía ser una agradable noche de verano. Lidia, superada por las circunstancias, conducía con la mirada perdida en el horizonte, siguiendo cual autómata, las indicaciones que le iba marcando el GPS de su vehiculo de alta gama. Pasaban de las 12 de la noche cuando unos parpadeantes e insistentes neones, consiguieron sacarla de su disperso hermetismo. Hostal Roma, balbuceo mientras salía del coche, cubriéndose la cabeza con un bolso de Louis vuitton, regalo de su último aniversario de boda. Pendiente de no acabar con sus exclusivos zapatos en un charco, Lidia entró en el local de forma esquiva, buscando, parapetada tras unas enormes gafas de Gucci, la recepción de tan insólito establecimiento.
No se caracterizaba precisamente el Hostal Roma por su elegancia, en realidad era un bar de carretera que alquilaba habitaciones a camioneros, viajeros de paso, etc.… Una extensa barra se prolongaba a lo largo del local, mientras insinuantes maquinas de premio no cesaban de invitar al despilfarro.
- Disculpe, querría una habitación...
- Pase por aquí señora, en el mostrador, contestó un solícito camarero al tiempo que reponía botellines en la nevera.
- Aquí tiene la llave señora, la 203, en el segundo piso…
- Disculpe, ¿tienen servicio de habitaciones? Pregunto ingenua Lidia.
- Lo siento señora, la cocina ya esta cerrada, le puedo preparar un bocadillo de atún en un momento si quiere…
- Déjelo, así esta bien, contestó ella. ¿el ascensor?
- Por allí, dijo el camarero señalando unas escaleras de denunciable gusto.
Lidia se volvió a poner las gafas y comenzó a atravesar con elegancia el bar camino de las mismas.
Faltaban escasos minutos para la una de la madrugada, y tan solo un cliente repostaba apoyado sobre la barra al compás de los gritos que una desquiciada televidente lanzaba desde una televisión de 14 pulgadas en la que invitaba con avidez a los espectadores a que llamaran y colapsaran el servicio de llamada en espera.
- Buenas noches, saludó el solitario cliente levantando su copa al paso de Lidia, al tiempo que se dejaba envolver por su sugerente perfume.

Una extraña sensación mezcla de repulsión y excitación, se apoderó de Lidia al entrar en la habitación. Básicamente su espartana decoración se sustentaba en una cama de 90 cubierta con una colcha de difícil visión, una silla de madera y una mesita de noche sobre la que descansaba una lamparita que cojeaba de un pie, junto a un arcaico radio-despertador de amenazantes y parpadeantes números rojos, auténtico superviviente de la era analógica.
Un cargante y espeso olor a rancio impregnaba todos y cada uno de los rincones de la 203, ni siquiera el exclusivo perfume de carolina herrera con el que Lidia había prácticamente fumigado la habitación, consiguió acabar con el desagradable aroma.
Sentada en el borde de la cama, Lidia se desprendió de sus exclusivos zapatos que acodomodo elegantemente bajo la mesilla de noche. Con firmeza se dirigió hacia la terraza, abrió de un golpe sus fatigosas cortinas, cuando su teléfono comenzó a sonar con insistencia. Era Ivan, durante unos segundos que se hicieron eternos, dudo en contestar. No quería darle la oportunidad de que se disculpará, esta vez no pensaba volver. La decisión estaba tomada, la tomó hace ya mucho tiempo, y no pensaba ni quería dar marcha atrás.
Nerviosa ante la insistencia del móvil, Lidia salio a la terraza para dejarse perder en una oscura noche de verano, en un oscuro horizonte de autovias y vehículos de gran tonelaje. Una vez cesarón las llamadas, regresó a la habitación en busca de su paquete de tabaco, ya en la terraza, se dispuso a encenderse el pitillo sin éxito.
- puto mechero, dijo con desgana al tiempo que una generosa llama se acercaba hasta la punta de su cigarro.
- Permiso, dijo el tipo que la barra que desde la terraza contigua le ofrecía fuego estirando su brazo.
- Gracias, contestó Lidia mientras de esquivas maneras hacia un scanner visual a su educado vecino.
- Disculpe la pregunta, insistió el hombre. ¿Qué hace una mujer tan elegante en un sitio como este?
- Lidia, sonrió al tiempo que lanzaba una espesa bocanada de humo sobre su interlocutor.
- Necesitaba tomar el aire, ahora dudo entre lanzarme al vacio o tomarme un frasco de pastillas, contesto ella.
- ¿Una copa? pregunto el enseñándole una botella de whisky.
- Mataría por una copa, contesto Lidia.
- No será necesario replico el tipo sonriendo, me llamo Manuel.
- Yo soy Lidia y me encantaría compartir esa botella.

Apenas cuatro minutos bastaron para que Manuel entrase por la puerta de la habitación, cargado con un chivas de 12 años bajo el brazo, andaba entre penumbras, artificiosas penumbras avivadas por la inquietante lamparita de sobremesa.
- Siéntese aquí, a mi lado, dijo Lidia con un tono de voz acorde a la austera iluminación.
- Lidia, dijo el ofreciéndole su mano. Una mano grande, ligeramente velluda y a la vez exquisitamente cuidada. Un escalofrió recorrió el cuerpo de lidia en el momento en que de grácil manera, esta rozo sus pechos. Un momento lamentablemente interrumpido por el siempre inoportuno timbre del teléfono.
- ¿No vas a contestar? Pregunto Manuel susurrándole al oído al tiempo que comenzaba a desabrochar la blusa de Lidia.
Lidia lanzo con furia el móvil al suelo.
- Es mi marido, le acabo de abandonar, contesto Lidia.
- Será mejor que tomemos un trago, dijo Manuel sonriendo con malicia. Siento no poder ofrecerte un vaso, yo…
- No es necesario, dijo ella mientras se deslizaba entre las piernas de Manuel y comenzaba a desabrochar su bragueta.
- Beberé a morro.

Unos tímidos rayos de sol comenzaron a asomar a través del ventanal de la terraza. Sin abrir los ojos, Lidia comenzó a tantear en la cama en busca de su improvisado amante. Este había desaparecido, entre las sabanas reposaba la camiseta que Manuel había dejado olvidada. Con delicadeza la tomó entre sus manos, oliendo primero con timidez y después de ansiosas maneras, dejándose embriagar por el olor a hombre que Manuel había dejado en esa rancia habitación. Sin poder reprimirse, Lidia comenzó a bajar la camiseta, rozando con descaro sus erguidos pezones, para luego bajar hasta su entrepierna, dejándose llevar, escapando de nuevo, huyendo a un universo paralelo en forma de jadeos.
De nuevo el teléfono volvió a quebrar tan sugerente instante. Como despertando de u n sueño, Lidia se levantó de la cama y cubriéndose su desnudez con una sabana comenzó a buscar el móvil que por la noche había lanzado sin vehemencia al suelo, era su marido.
- Ivan, contesto ella.
- Lucia, recuerda que tienes que llevar a los niños al colegio.
- Dios, los niños, grito ella.
- ¿Cómo? Contestó Ivan, se oye muy mal…
- Si esto suena fatal, no debí lanzarlo contra el suelo…
- Jjajjajaj, siempre me acabas sorprendiendo, dijo el.
- Ha sido una noche estupenda, pero cielo el próximo día elijo yo el hotel.
- No hay problema pero si eliges tú el hotel, yo me encargo de los nombres, contesto Ivan.
- ¿Trato hecho?
- Trato hecho.

martes, 8 de febrero de 2011

EL TaBaCO MaTa

Elegí un mal día para dejar de fumar, farfulló Leonard entre dientes al tiempo que se encendías un cigarrillo. Pasaban diez minutos de las 9, y Marvin seguía sin dar señales de vida, esperaría hasta las 10, tenia el tiempo justo para llegar al aeropuerto y volar a Brasil.
Mientras aspiraba con codicia el humo de aquel pitillo, no podía dejar de pensar en las palabras del Dr. Jenkins, “El tabaco mata”, balbuceo al tiempo que se dejaba llevar por una nueva e intensa calada, con una ligera sonrisa entre los labios. Una distorsionada sintonía de “Bonanza” comenzó a sonar en su móvil, sacándole de su humeante letargo.
- Leonard nos han descubierto, escapa, rápido….
Un áspero y seco disparo, sonó al otro lado del auricular, al tiempo que podía escuchar como alguien manipulaba con violencia la cerradura de la puerta.
- Será mejor que salgas con los bazos en alto, vocifero un individuo con acento del este, tras derrumbar de una patada la puerta de entrada a la casa. Mientras, el otro, se dedicaba con encomiable interesen destrozar a patadas todo lo que encontraba a su paso.
- Estoy en la cocina, gritó Leonard.
Hasta allí se abrieron paso los dos hombres, dando patadas a todo lo que se les cruzaba en su camino.
- Al suelo, grito uno de ellos empujando a tierra a Leonard y obligándolo a levantar los brazos en alto.
- No se te ocurra moverte o te levanto la capa de los sesos cabrón, grito colérico uno de los asaltantes mientras le encañonaba con una pistola.
Leonard cerró los ojos esperando lo peor. Una espesa capa de aliento con sabor a vodka se aposentó en su nuca con descaro.
- Sabes muy bien lo que estamos buscando, susurró Igor al oído de su victima.
- Mira cabrón, esto puede acabar rápidamente si colaboras….
- O puede ser largo, largo y doloroso, apunto el otro individuo mientras lo inmovilizaba, sujetando con fuerza su mano al tiempo que sacaba de su bolsillo unas tijeras de podar.
- Vaya Leonard, dijo observando sus manos, creo que necesitas urgentemente que te hagan la manicura, dejame ver este dedo….
- No, no…suelta hijo de puta noooo, diossss….
Cesarón los angustiosos gritos con un certero y seco corte de tijera, tan solo silenciado por los jadeos de Leonard tras la mutilación de su dedo índice.
- Bonito anillo balbuceo el agresor mientras sacaba este del mutilado dedo y se disponía a cortar el siguiente.
- El azúcar, grito Leonard a un paso de perder el conocimiento.
- En el bote , sobre la mesa… jadeó Leonard con apagada voz.
Sin dejar de apuntar con el revolver, Igor estrelló en bote de azúcar contra el suelo, no tardó demasiado en encontrar una pequeña llave entre tan dulce manto.
- Buen chico, ¿para que alargar tan desagradable momento? susurró al odio de su victima, dispuesto a darle el tiro de gracia.
- Espera, espetó Leonard con incomprensible firmeza.
- Antes de hacerlo, permíteme una última voluntad, un último cigarro…
- Un par de caladas, nada más… no me dejes abandonar este jodido mundo sin saborear por última vez el sabor de la nicotina en mi garganta.
Igor sacó un pitillo de un paquete de tabaco que reposaba sobre le mesa de la cocina para apoyarlo sobre los labios de su retenido, mientras este intentaba taponar la hemorragia que le había provocado la mutilación de su dedo índice.
- A que mierda huele aquí, dijo Nicolai mientras buscaba un mechero con el que darle fuego.
- Elegí un mal día para dejar de fumar, apuntó Leonard.
- Ese puto olor… ¿a que diablos huele aquí? Insistió Igor mientras intentaba encender el mechero para darle fuego.
- A gas, apuntó Leonard con una sonrisa maliciosa.
- El tabaco mata, pronunció el condenado fumador al tiempo que se encendía la llama en el mechero y una tremenda explosión acabara con todo.

jueves, 11 de noviembre de 2010

CoN LoS 5 SENTidOS

Un insistente a la par que inoportuno repicar de campañas, sacó a Marisa de su prolongado letargo. Respiro profundamente, como queriéndose beber la vida, disfrutando de cada instante como si fuera el último.
Removió con ligereza su copa con el dedo índice, al tiempo que introducía una rodaja de limón en su boca, dejándose envolver por su dulce amargura, todo ello sin dejar de observar al resto de personas que disfrutaban de los últimos rayos de sol de aquella tarde de verano. Un cálido e intenso perfume masculino, le advirtió de la presencia de un joven de apuesto aspecto que tomó asiento en la mesa contigua, provocando en Marisa, una irreprimible excitación tan solo amortiguada por un oportuno cubo de hielo del que, como por arte de magia, efímeras gotas de agua comenzaron a deslizarse sinuosas por sus prominentes pechos, al tiempo que humedecían con discreción la provocativa blusa violeta con la que hoy había decidido vestirse.
- Si bien es cierto que muchas veces la vida no tiene sentido, más cierto es que de vivirla que mejor que hacerlo disfrutando de todos y cada uno de ellos, susurró Marisa al oído del apuesto joven.
- Como lamento no habernos conocido antes, como lamento que no puedas escucharme, como lamento no estar viva, dijo Marisa al tiempo que daba un largo y placentero sorbo a su copa.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

SoMBReRo De CoPA


Ni el frió, ni las primeras nieves, podía arrebatar a Antonio, su pasión por el cine. Tan grande, que ni el cansancio, ni la siempre inoportuna hambre, consiguieron disuadirle de la idea de andar cerca de 3 kilómetros hasta el pueblo para meterse en una oscura sala de cine, donde dejarse llevar por sueños y aventuras ajenas, tan alejadas de la triste realidad de una áspera guerra.
Con paso firme entro en la casa y se acercó hasta la pequeña Lola, la menor de todos sus hermanos, que junto a estos se acurrucaba pegada a la lumbre en busca de calor. Con la sobriedad que le caracterizaba, le preguntó a la pequeña susurrándole al oído:
- Nano, ¿nos vamos al cine?
Una enorme y espontánea sonrisa iluminó la casa durante unos instantes, al tiempo que levantándopla en brazos comoenzaba a ponerle los zapatos.
- Venga, nos queda un trecho hasta el cine, dijo Antonio encaminando sus pasos hacia la calle.
- ¿Qué película echan? Preguntó la pequeña intentando alcanzar el decidido paso de su hermano.
- Es de la que a ti te gustan , contestó Antonio al tiempo que aprovechaba para abrochar el último botón del ajado abrigo de impredecible herencia que llevaba la pequeña...
- Es una película de canciones y bailes, se llama “Sombrero de copa”
Ni siquiera los últimos coletazos de la guerra, consiguieron cerrar el cine del pueblo, que impasible y orgulloso, se erigía en el centro de la plaza, dispuesto a abrir sus puertas a todos aquellos que quisieran soñar con los ojos abiertos.
Entraron en la sala cuando el NO-DO no había hecho más que comenzar. Aquella triste y rancia ventana al mundo, no tardó en dar paso un Hollywood tan luminoso como irreal. De la batalla del ebro a los glamurosos salones de baile de Manhatan. De los marciales y amenazantes pasos del ejercito nacional entrando en el pueblo, a los siempre insinuantes y gráciles pasos de baile de Fred Astaire y Ginger Rogers. Pero como en todos los sueños, este también tenía un final. Con el The End, cesaron los bailes, los bonitos vestidos y las candidas historias de amor y lujo.
Una intensa nevada cuajó con fuerza en el árido paraje, sirviendo de fría alfombra a tan gélido retorno. La noche cerrada, tan solo iluminada por el reflejo de las estrellas del celuloide, les servia de guía a la triste realidad.
Mientras caminaban raudos por el campo, Lola, ensimismada en aquel mundo de imaginación que le había acompañado durante 90 minutos, intentaba emular a protagonista con asimétricos pasos de baile que dejaban en evidencia su desgastado calzado.
Antonio caminaba deprisa, unos pasos por delante de la ella, cortando el frió con su flaca y espigada silueta.
- Antonio, dijo Lola timidamente.
- Te pareces a Fred Astaire…
Los dos comenzaron a reírse mientras no dejaban de frotarse las manos para evitar el frió.
La nevada se había hecho fuerte en tan intempestivas horas, sin que Antonio, preocupado por llegar lo antes posible a la casa, reparase en la pequeña que desde hacia unos minutos había dejado de cantar.
- Vamos nano date prisa, dijo el hermano mayor al tiempo que se percataba de la desnudez de los pies de la pequeña.
Rápidamente la cogió en brazos, comprobando asustado que esta tenia los pies helados.
- Nano, tus zapatos…
- Los perdí en la nieve, dijo Lola entre contenidos sollozos.
Antonio se quito la chaqueta, envolviendo con esta las piernas de la pequeña y llevándola en brazos rápidamente hacia la casa. Esta, apoyó su cabecita en el pecho de su hermano, buscando su calor mientras los ecos musicales de “Sombrero de copa” eran silenciados por los secos golpes de viento frió que les acompañaron hasta llegar al pueblo.
- Agua, calentar agua… gritó Antonio al entrar en la humilde vivienda y comenzar a despojar a la niña de tan húmedo ropaje.
Sentado junto a la lumbre, acunaba, como si de un bebe se tratase a su hermana pequeña, hasta que ambos se quedaron dormidos.
Ya de madrugada, y aun de cara a la hoguera, la voz de la pequeña despertó al joven.
- Antonio, Antonio….
- Dime nano.
- ¿Me llevarás algún día a bailar?
Antonio sonrió, al tiempo que con los ojos aun brillantes le contestó:
- Algún día nano, algún día…


viernes, 5 de noviembre de 2010

La EDaD dEL HiELO


Una inoportuna liebre, provocó que su vehículo se saliese de la carretera y acabase empotrado contra un centenario eucalipto que servia de puerta de entrada a aquel espeso paraje. Sin apenas rasguños, y todavía consternado por el golpe, Charlton salió con torpeza del coche y se apoyó extasiado sobre el capó del mismo.
Nervioso, intentó encontrar cobertura suficiente para poder hablar por teléfono, con nulo resultado. Intranquilo miro su reloj de pulsera, llegaba tarde.
Sin pensarlo dos veces, abrió el maletero y cargó las bolsas que había en su interior, para terminar adentrándose en aquel frondoso bosque.
Dejándose llevar por su intuición, reparó en las huellas que habían dejado sus amigos en el suelo, estas le sirvieron de guía por tan confuso camino. Poco a poco la claridad se fue abriendo entre tan espesa vegetación. Sin duda ya estaba cerca.
- Allí están, gritó entusiasmado al asomar su cuerpo en lo alto de una ladera. Inquieto observó el contenido de las bolsas.
- No esta todo perdido, pensó, mientras las primeras notas de un repetitivo tema dance llegaban a sus oídos.
Con la emoción de un niño, comenzó a bajar corriendo por la ladera, al encuentro de sus amigos que colgados de los árboles, disfrutaban de tan esperado botellón.
- Colegas, ha llegado el tío Charlton, gritó al tiempo que dejaba asomar las bolsas repletas de cubos de hielo, mientras exaltados grupos de simios se acercaban con entusiasmo para abrazarlo.
Charlton, ensimismado con la tierna escena no pudo sino respirar profundamente al tiempo que musitaba emocionado:
- Míralos, son tan monos….